Hay rituales que se repiten con la puntualidad de las mareas. Cada primer lunes de mes, la Biblioteca Marti i Gadea deja de ser un simple silencio de estanterías para convertirse en un espacio vivo de voces, opiniones y miradas cruzadas. Es el día del Club de Lectura, una cita ineludible que, desde octubre hasta junio, transforma una de las salas en una verdadera ágora de encuentro.
Un refugio de voces femeninas
A las seis de la tarde, la sala ya está dispuesta. No hay carteles que lo anuncien,
pero todo el mundo sabe dónde ir. En cada ocasión, y como viene siendo
habitual en las sesiones, la asistencia ronda las 15 personas. El dato no es menor, ya que la práctica totalidad del grupo está compuesto por mujeres. Hay mujeres estupendas, mujeres empoderadas, amas de casa, profesoras jubiladas, profesionales en activo
Todas ellas comparten un denominador común: una curiosidad insaciable y unas ganas enormes de adentrarse en la condición humana a través de la letra impresa.
El ambiente es distendido pero riguroso. En el club no se viene a discutir ni a imponer una lectura única. Se viene a opinar, a aportar la propia visión y a compartir la interpretación personal de cada una. Y ese es, precisamente, el gran
tesoro de este club. Lo que una lee como una tragedia, otra lo interpreta como una ironía de la vida misma; lo que a una le parece un final cerrado, a otra le sugiere un sinfín de posibilidades. Ese cruce de miradas, lejos de generar conflicto, enriquece muchísimo al grupo. Entre todas le sacamos mucho más jugo y partido al libro compartido, descubriendo capas y matices que jamás habríamos percibido en solitario.
El método: Lotes que viajan, lecturas que se comparten
Una de las particularidades de este club radica en su mecanismo de selección. No hay listas de novedades editoriales ni imposiciones de mercado. El grupo elige sus lecturas directamente del almacén de libros destinados a los clubs de lectura de la red pública valenciana. No se trata de volúmenes antiguos rescatados del olvido, sino de lotes comprados expresamente en una cantidad determinada para que haya suficientes ejemplares para todos los miembros del club.
Estos lotes van rodando por todas las bibliotecas de la red pública valenciana, de modo que cada mes llega a nuestras manos un título nuevo, cuidadosamente seleccionado, que ya ha pasado por otras manos y otros ojos antes que los nuestros.
Esa dimensión itinerante añade un plus de emoción: sabemos que formamos parte de una cadena de lectores y lectoras que, en otros barrios y municipios, también han debatido, compartido y disfrutado las mismas páginas.
El calendario es fijo: de octubre a junio, un libro por mes. Esto permite que la lectura se saboree sin prisas, adaptándose al ritmo de la vida cotidiana, pero manteniendo el compromiso firme de llegar a la última página antes de la siguiente luna.
Crónica de una sesión cualquiera
La sesión de este mes ha sido especialmente enriquecedora por la disparidad de opiniones y sentimientos encontrados que han hecho mella en las lectoras. El libro elegido BELOVED, de la autora Toni Morrison, Premio Nobel de Literatura, ha suscitado opiniones muy diversas. Mientras unas destacan la fuerza y peculiaridad de la prosa, otras se detienen en la construcción de los personajes; unas subrayan el contexto histórico, otras prefieren ahondar en las emociones que les ha despertado.
Todas escuchan, matizan y suman.
Lo más enriquecedor no es la coincidencia, sino la pluralidad de interpretaciones. Pertenecer a un club con una veintena de mujeres compartiendo con pasión sus lecturas, sin miedo a equivocarse y con la generosidad de quien regala su mirada, es un recordatorio de que la lectura es, ante todo, un acto social y colectivo. Al terminar, no hay nota de prensa ni grandes titulares. Solo queda el murmullo de las despedidas, el intercambio de impresiones para el mes siguiente y la certeza de que, pase lo que pase, el primer lunes de octubre volverán a encontrarse.
Conclusión
El Club de Lectura de la Biblioteca Marti i Gadea no es solo una actividad cultural; es un termómetro de la vitalidad de nuestro barrio y de nuestra biblioteca. Que un grupo de mujeres, mayoritariamente, se reúna mes a mes para leer, interpretar y compartir lo leído, en un ambiente de conexión y complicidad, es un acto de resistencia cultural y de amor por los libros. Si alguna vez pasan por allí un primer lunes, asómense. Detrás del silencio de la sala, hay un mundo de voces, de matices y de interpretaciones esperando ser escuchadas.